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Publicado por Desconocido
a las 15:55
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Antisemitismo
ANTISEMITISMO EN LA UNIVERSIDAD: “LA GOTA QUE COLMA EL VASO”
Por Reina Benguigui.
Por cortesía del Instituto del Congreso Judío Mundial.
Madrid (CJL-OJI) - ¿Hay un límite para la libertad de expresión? ¿Si lo hay, donde está? ¿Cómo se manifiesta? ¿Quién decide si hay o no hay? y ¿hasta dónde debe llegar?
Estas son cuestiones bastante polémicas que pueden entrañar horas y horas de debate. Personalmente creo que sí hay un límite y que viene dado no sólo por las leyes y el orden de cada país sino por la sociedad en general. La libertad de expresión es un concepto relativo y difícil de definir por eso, mi intención es expresar una opinión en relación a ciertos acontecimientos que ocurren en los círculos universitarios.
La razón de este artículo se basa en un hecho que como vulgarmente se dice, es “la gota que colma el vaso” y en este caso en concreto, “la gota que colma mi paciencia”. Unos alumnos de la Universidad Pompeu Fabra me comentaron indignados que había unas esvásticas pintadas en medio del patio desde hacía un par de semanas. Las quejas que dirigieron ante diferentes departamentos no tuvieron ningún resultado. Con rabia y decisión me presenté en la universidad, tras tres semanas las pintadas seguían allí, un poco más borrosas a causa de la lluvia, pero todavía visibles para todo el mundo. Me llevé mi cámara, hice fotos, la gente era indiferente.
Mi visita me hizo reflexionar sobre la propaganda y la tónica de ideales que se suelen difundir en las facultades de toda Europa. Llegado a este punto, me di cuenta que tenía que hacer algo para denunciar unas actitudes y manifestaciones que ya se han convertido en el pan de cada día.
¿Hasta dónde hay que llegar para considerar que una actitud es intolerable y hay que denunciarla?
Desgraciadamente ya es una realidad, la sociedad española por no decir en general la línea europea, ha asimilado una serie de valores y principios que difícilmente se pueden poner en cuestión. De ellos, cabe destacar un impulsivo antiamericanismo y una solidaridad extrema con el pueblo palestino que contrae sin duda un odio y culpabilidad a la existencia del Estado de Israel. De hecho, es difícilmente planteable otro punto de vista. Se asume que la gente que se considera democrática debe abrazar estos ideales. No es bueno generalizar, hablar del conjunto de la sociedad española es una razón fácil para criticar mi argumento. Pero lo que es cierto, es que hay una clara tendencia en este sentido y desde luego mucho más acentuada entre los jóvenes. Yo he podido comprobarlo por mi misma, hay una evidente determinación impuesta. Estos ideales nacen de los sectores políticos más de izquierda y se han ido propagando por toda la sociedad. Son engendrados por unas personas que ante todo se definen como liberales, progresistas y por supuesto, democráticos. Ensalzan sus voces para defender la paz y gritar “no a la guerra”.
Irónicamente “se da la vuelta a la tortilla” cuando son estas mismas personas quienes en nombre de la paz en el mundo, defienden hasta la médula actitudes violentas y no dialogantes al ponerse únicamente del lado del pueblo palestino, pobre, mártir, que vive en la miseria y víctima de los “abusos” de Israel. Automáticamente Israel se convierte en el verdugo y único culpable.
¿Qué relación tiene todo esto con las esvásticas que me encontré en el campus de mi universidad?
A simple vista, muchos podrían decir que ninguna. No sería de extrañar que mucha gente se indignase al contarle lo ocurrido respecto a los signos nazis y sin embargo, fuese indiferente o no le importase encontrarse con pancartas con lemas como: “Israelíes asesinos” o “Israel genocida” o “Muerte a Sharón”… Tampoco mostrarían estupor si se les pidiese firmar para anular los acuerdos entre la Unión Europea e Israel. Aquí es donde surge el problema de fondo, nadie en su sano juicio negaría que una cruz gamada no sea un signo antijudío o antisemita, pero no ocurre lo mismo respecto a las pancartas que deshonran las universidades españolas y europeas.
La actitud dialogante se pierde, aparece este tipo de lemas y manifestaciones que incitan a la violencia. Dudo que los estudiantes que cuelgan estas pancartas por las facultades y por la calle apuesten por la resolución del conflicto y la negociación de la paz.
En los conflictos como en la vida misma, nada es blanco o negro. Hay que aprender a relativizar los hechos y por eso, hago un llamamiento general al diálogo, a la implicación seria en asuntos tan difíciles y a no dejarse llevar por ideales tendenciosos y que caen sobre su propio peso. Este es mi particular granito de arena, con este artículo pretendo concienciar al lector para que sea crítico ante este tipo de acontecimientos. A mi entender, la libertad de expresión acaba cuando se convierte en insulto y agresiones verbales.
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