|
|
|
Publicado por fpaya
a las 19:44
|
El Dinero y la Palabra.
Si bien existe la disposición en muchos círculos de presumir que la Torá consiste en una nómina de leyes rituales, pocos saben que realmente la Torá es muy minuciosa en su atención por la conducta humana en todo lo vinculado entre el trato con las personas.
por Rab Daniel Oppenheimer
2005-05-19 15:57:00
Si bien existe la disposición en muchos círculos de presumir que la Torá consiste en una nómina de leyes rituales, pocos saben que realmente la Torá es muy minuciosa en su atención por la conducta humana en todo lo vinculado entre el trato con las personas. Estas leyes se extienden mucho más allá de lo que el ojo del hombre puede percibir. ¿En qué radica la distinción?
La diferencia entre lo que los humanos podemos legislar y lo que D”s dictamina, reside en que los seres humanos podemos únicamente ver acciones y escuchar palabras, pero jamás sabemos con certeza lo que otro piensa. Por lo tanto, nuestro juicio y evaluación de los sucesos se reduce a lo que está a la vista. Sin embargo, la realidad es que nuestros actos reflejan ideas. Esas ideas las puede llegar a conocer solamente el autor del acto. Frente a los demás se puede engatusar, fingir o mentir. ¿Quién puede demostrar acabadamente las intenciones del otro? Pensemos por un momento: si hasta somos hábiles en engañarnos a nosotros mismos, ¿no seremos capaces – acaso - de engañar a los demás?
Solamente D”s puede evaluar y justipreciar nuestros propósitos. La diferencia entre la limitación en la calificación humana y la Di-vina, queda evidente en las palabras de D”s al profeta Shmuel (cuando este quería ungir a Eliav, el hermano mayor de David creyéndolo el indicado e idóneo para asumir la monarquía de Israel). D”s, Quien sabía que Eliav no era la persona ideal para el cargo, por conocer los motivos internos de sus actitudes, le dijo a Shmuel, que él no podía percibir lo mismo que distingue “pues el hombre observa a los ojos y D”s mira el corazón...”
En la Torá aprendemos – entre tantas leyes de convivencia y aprecio por la condición humana de las personas - que se debe amar al prójimo, que se debe buscar un pretexto para justificar y no sospechar de una persona recta aun viéndolo en situación dudosa y varias leyes más que hacen al pensamiento que sólo D”s conoce a fondo. Asimismo, nos ilustramos acerca de las leyes pertinentes a la prohibición de calumniar, a no relatar cuestiones negativas sobre otros – aun si fueran reales sin lugar a duda, y ni siquiera comentar temas privados que el otro desearía que quedaran en la intimidad.
Solemos pensar que la prohibición de la maledicencia se debe a que ocurre a espaldas del otro, lo cual tiene cierta lógica (para alguna gente), ya que demuestra un viso de cobardía. Sin embargo, podríamos preguntarnos: ¿ qué pasa si digo lo que pienso delante del otro – “se lo digo en la cara” y no “a espaldas”? Posiblemente, muchos opinarían que en ese caso la falta no es tan grave. Al contrario, hasta puede parecer meritorio que uno no se “achique” y que diga las cosas de frente...
No es tan así, nos enseña la Parshá Behar. Allí nos enseña, entre otras cosas, las leyes de Onaá (herida/engaño) dos veces. ¿A qué se debe la reiteración de la misma prohibición? Dicen los Sabios, que una mención es para enseñarnos acerca de la prohibición del engaño en relación a bienes materiales (Onaat Mamón) y la otra se refiere a daños morales causados por el modo de expresarse hacia el prójimo (Onaat Devarim). Los Sabios ya nos señalaron que la segunda infracción es peor que la primera, pues si respecto a los bienes materiales es difícil la reposición, al hablar de lesiones y golpes espirituales y anímicos - es casi imposible restituir lo que se destruyó.
ENGAÑOS MATERIALES
Vayamos por partes: Los engaños en materia económica son muy variados. Desafortunadamente, es muy corriente la idea que para ser comerciante es necesaria la astucia de “saber comprar”, el “ardid” en “saber manejar” las situaciones. Estas leyes abarcan la falsa descripción de una mercadería, la creación de una falsa expectativa acerca de una oportunidad comercial, la presión al vender un objeto que el otro no desea adquirir, la información incorrecta acerca de la “no disponibilidad” de mercadería que el cliente desea, bajo pretextos que “no se hacen más en este color”, “no vienen más así”, y otros. Basta con decir que la mayoría de la publicidad que vemos por allí no muestra la mercadería cabalmente (cuando no es directamente falsa), sino que la destaca para hacer creer que su tamaño es mayor, etc. Se supone que estamos ya inmunes a esta clase de palabrerío. De todos modos, seguimos comprando cosas que no son lo que se decía que eran...
HERIDAS VERBALES
Las heridas que se cometen con la boca son más difíciles de detectar. Pues sólo el propio protagonista que dice algo, sabe cuál es la verdadera intención de lo que está diciendo. Él sabe si lo dijo con doble sentido, si dolerá a la persona que lo escucha y si lo que está diciendo tiene un significado subjetivo que le molesta a aquel individuo...
Los Sabios nos dan varios ejemplos sobre esta norma:
Una de ellas consiste en recordarle el pasado, a una persona que afortunadamente superó ciertas conductas incorrectas (“vos no te hagás el santo porque sabés muy bien - que antes - vos mismo...”). Si bien, uno no debe olvidar sus debilidades anteriores, para poder terminar de corregirlas totalmente y para evitar volver a caer en las mismas, esto no autoriza en absoluto a que otros se lo recuerden o endilguen.
Asimismo, se incurre en esta profunda infracción (aun si se lo dijera a los propios hijos y alumnos), al atribuirle los trastornos, las desgracias, las penas y los padecimientos ajenos, los males que le están sucediendo a otro - enfermedad, problemas económicos - al castigo Di-vino (p.ej. al decirle: “si te está pasando todo, por algo será...”, o “es todo tu culpa”, o “te lo merecés”).
Dentro de la categoría de “heridas verbales” está incluido el expresar las cosas gritando, amedrentando a otra persona, diciendo sus palabras de modo irónico, mordaz y sarcástico, aun si se utilizara un vocabulario elegante, refinado y distinguido.
Insultar, crear sobrenombres y apelativos peyorativos nuevos y utilizar los que ya existen inventados por otros, también entran en esta perversa categoría. (dentro de esta categoría, es preciso señalar que si al individuo le agrada el nombre, tal como se llama a los niños con diminutivos de cariño, esto estaría permitido).
En reuniones sociales, es rutinario que la gente haga “chistes” a costa de sus compañeros que creen que son inofensivos. Aquel, que fue el objeto del chiste deberá “aguantársela”, o sea poner buena cara y participar del evento sin poder replicar, pues “queda feo” que uno se tome a mal que le hagan una broma. Esto no significa que haya quedado mellado su ánimo...
El dolor gratuito se logra también con frases como: “podías haberlo conseguido mucho más barato en tal y tal lugar” – dichas precisamente a quien se alegra por haber conseguido una “ganga” y ya no la puede devolver o canjear (de modo que queda con el sabor amargo de haber pagado un sobreprecio innecesario)...
Cuando hablamos de las heridas verbales, nos referimos aun si no hubiese público presente, es decir que el intercambio verbal sucedió en privado. Si - por otro lado – las palabras hirientes se dijeran en público esto sumaría la gravedad de lo que significa hacer pasar a otro vergüenza en público (Vaikrá 19:17).
Dijimos anteriormente, que los Sabios infieren que las mellas orales son más severas que su equivalente monetaria. En la realidad de la vida, todos reaccionamos con alarma ante la creciente ola de violencia física, pero poco nos horrorizamos ante la progresiva rudeza verbal, a pesar que las secuelas de esta patología son más difíciles de medir y curar. Muchas personas pueden sufrir por años, o quizás toda la vida, a raíz de comentarios desagradables e injuriosos que se les hizo mucho tiempo antes. Y quién sabe, cuánto “rebote” nuestro comentario puede tener en terceros, es decir en aquellos que sufren las consecuencias de la ira que produjo una frase equivocada en alguna persona, y que por no poder reaccionar en cierto medio, expresó su furia en otro espacio...
Quizás estábamos acostumbrados a pensar que “amar al prójimo” es un precepto fácil de observar. Nada más lejano de la realidad. De todos modos, no se debe desesperar, pues nada se gana con eso. Es una tarea de por vida. Pocos la asumen. Está en manos de cada uno lograrlo.
El autor es Rabino y Director de la Comunidad Ajdut Israel de Buenos Aires.
|
|
|
|
|
|
Acerca del Blog |

Articulos,Libros,Comentarios |
|
Archivo |
noviembre, 2007
octubre, 2007
septiembre, 2007
julio, 2007
mayo, 2007
marzo, 2007
enero, 2007
diciembre, 2006
noviembre, 2006
octubre, 2006
septiembre, 2006
julio, 2006
junio, 2006
mayo, 2006
abril, 2006
marzo, 2006
febrero, 2006
noviembre, 2005
agosto, 2005
junio, 2005
mayo, 2005
abril, 2005
|
|