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Publicado por fpaya
a las 10:45
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El volcán y la lava
Ante la retirada israelí de Gaza
Historia del paradigma sionista de corte religioso y mesiánico que pone a la Tierra de Israel como valor supremo. En sus extremos, un valor superior al de la vida misma.
Los motivos religiosos para retener los territorios de Cisjordania y Gaza en manos de Israel no aparecen sino en los años siguientes a 1967, año de la conquista israelí en apenas seis días. En ese momento Itzjak Rabin, a la sazón Jefe de Estado Mayor del ejército israelí, opinó que no se debían devolver -como en la Guerra del '56- hasta que los estados árabes no garantizaran a cambio una paz real. Mientras tanto, opinó con él la clase política, los territorios serían retenidos como carta fuerte de negociación: estaban para ser devueltos, pero no gratuitamente. Para elevarles el precio, Igal Alón, miembro del gabinete, propuso un plan de colonización que hiciera más difícil su evacuación, al tiempo que serviría de colchón estratégico ante eventuales invasiones por el este. El Plan Alón fue rechazado en el seno del gobierno. Pero en los hechos, las colonias que se fueron creando durante el gobierno laborista y luego del Likud, siguieron más o menos los lineamientos geográficos que el ministro había propuesto.
Los judíos israelíes que primero y más fuerte respondieron al llamado oficial a colonizar fueron los llamados sionistas religiosos, o "religiosos nacionales". En su religiosidad son definibles como neo-ortodoxos. Físicamente, se identifican por su kipá (solideo) tejida y ropa contemporánea. Teológicamente, se diferencian de los ortodoxos vestidos de negro -que rechazan el sionismo hasta tanto no haya llegado el Mesías- por su aceptación del Estado de Israel como "el comienzo de nuestra Redención": el Mesías habrá de llegar, pero no a un espacio vacío, decía su mentor espiritual, el Rabino Abraham Itzjak Kook, a principios del siglo XX, sino que hay que construirle la infraestructura. Los sionistas laicos, los "jalutzim" (pioneros), cumplían un papel sagrado del que no tenían verdadera conciencia, y había que amarlos por ello con paternalista compasión, y ayudarlos. Por eso trabajan en el moderno Estado de Israel, van al ejército, estando hoy entre sus más motivados combatientes.
En lo político, su partido base es el Mafdal, siglas de Partido Religioso Nacional. Hasta 1967 era un partido de centro, una especie de "Laborismo religioso", así que podía estar tanto en una coalición laborista como en una del Likud, más derechista.
Pero a partir de los años '70, en especial con la creación del movimiento colonizador Gush Emunim (Bloque de los Fieles), sus bases se empiezan a correr hacia la derecha a medida que se agudiza el debate sobre la retención de los territorios y lo que hacer con ellos en el ínterin, de modo que hoy, aunque ingresen temporariamente también a las coaliciones laboristas, su alianza natural es con el Likud.
Gush Emunim no existe hoy formalmente; su heredero orgánico es el llamado Consejo de Judea, Samaria y Gaza. Los colonos religiosos que lo componen -los hay también laicos y no ideológicos- sostienen que la Guerra de los Seis Días tuvo todos los rasgos de un milagro: los pocos y débiles que ganan a los muchos y fuertes, en un combate cuyo resultado es la "liberación" de territorios que son la verdadera cuna del pueblo judío: Hebrón, cuna de los Patriarcas bíblicos, Abraham, Itzjak y Yaacov; Shjem (Nablus), donde está enterrado Yosef; Belén, donde yacen los restos de la Matriarca Rajel; sobre todo, Jerusalem oriental, donde está el Monte del Templo sagrado y lo que queda de él: el Kotel, el Muro Occidental. Por lo tanto, tal reconquista forma parte del Plan Divino con vistas a la llegada inminente del Mesías.
Terrorismo fugaz
Aun cuando el Mafdal se mantuvo dentro de los límites de la cordura y la democracia, desprendimientos hacia su derecha llevaron hasta el final este mismo paradigma de pensamiento: el ya mencionado Gush Emunim, u organizaciones hoy ilegales como el movimiento Kaj, cuyo líder, el rabino Meir Kahana, fuera asesinado por un fundamentalista musulmán en Nueva York en 1984; Kahana Jai (Kahana Vive), fundado por el hijo de dicho líder. Ambos grupos llaman a la expulsión de los árabes de toda la Tierra de Israel, tanto del Estado de Israel soberano como de los territorios de Gaza y la Margen Occidental.
En 1980, también, surgió un fugaz movimiento terrorista, la Resistencia Judía (Hamajtéret Hayehudit), que llegó a perpetrar sangrientos atentados, el más conocido de los cuales fue la bomba colocada en el automóvil del alcalde de Nablus, dejándolo sin piernas. También perpetraron asesinatos de árabes, y planeaban volar la mezquita de Al Aqsa en Jerusalem. Sus escasos 25 miembros fueron arrestados y condenados en juicio a diversas penas de prisión en 1985.
Hay que entender que se trata de una minoría que se siente asediada, victimizada: por el terrorismo palestino que no cesa, por el estado israelí que no hace lo suficiente por defenderlos, por la sociedad israelí que no los comprende a ellos ni a la grandeza de la hora, y los demoniza.
En ese ambiente de miedo al otro lado y con la razón del lado propio, el paradigma mesiánico produjo otros asesinos, ya no orgánicos, sino individuos sin respaldo de grupo alguno, lo que permitió al Consejo de Judea, Samaria y Gaza y al Mafdal salir siempre sin mancha. Los más conocidos: Ami Poper, que en los años '70 asesinó a siete árabes que esperaban que les dieran aventón en un cruce de rutas; Baruj Goldstein, colono de Kiriat Arba, aledaño a Hebrón, que en 1994 asesinó a 29 feligreses musulmanes que rezaban en la mezquita de la Cueva de Macpelá (donde están enterrados los Patriarcas hebreos y hay también una sinagoga); Igal Amir, que en 1995 encontró justificativo en la religión para asesinar al entonces primer ministro, Itzjak Rabin.
Más allá de complejos justificativos talmúdicos existentes sólo en su mente afiebrada, Amir llevó el razonamiento sionista-mesiánico al plano de la acción: si los territorios se conquistaron como parte del Plan Divino, quien entregue territorios está contraviniendo nada menos que dicho programa celestial. Dado que, como laico, no es conciente del daño cósmico que provoca, no existe otra alternativa que matarlo, un precio menor, sobre todo estando el Mesías tan cerca. Nosotros, como socios de Dios en la tarea de la Redención, no sólo tenemos el derecho sino el deber de hacer todo por evitar el desastre de perder otra vez estas tierras sagradas y el fatal error de alejar con nuestras propias manos el final de los tiempos.
Mesianismo y derechos humanos
La "tierra" es para ellos un "valor judío", como el cumplimiento del Shabat o el estudio de la Torá, por el que vale la pena morir. Una segunda y una tercera generaciones de colonos han crecido en los territorios de Judea, Samaria y Gaza, lo que les permite hoy esgrimir el argumento de los derechos humanos: ninguna persona debiera ser expulsada de sus hogares.
Sin desmerecer la tragedia humana para los colonos que poblaron los territorios bajo la anuencia oficial de izquierda y de derecha, es el valor de la Tierra de Israel convertido en mesiánico lo que saca a la calle a decenas de miles de colonos, convirtiéndolo en el movimiento extraparlamentario de mayor poder de movilización en el Israel de hoy. Sus manifestaciones, hasta el momento, son pacíficas y, a veces, creativas: una cadena humana unió por cerca de 60 kilómetros de ruta a Jerusalem con la Franja de Gaza. La prensa se tuvo que subir a helicópteros propios o de las fuerzas de seguridad para cubrir la nota.
Pero más allá de éste y otros éxitos, y de otros fracasos (como la utilización de motivos ligados al Holocausto, que llevó al despido de su asesor de imagen), la pregunta sobre la eventual violencia a la hora de la evacuación sigue sin respuesta. El ejército y los líderes colonos han firmado un acuerdo para que tanto colonos como soldados y policías lleguen desarmados al forcejeo. Pero los rabinos se han negado a decretar la no violencia explícitamente: "Es como si en cada prédica tuviéramos que dar el decreto de cumplir Shabat. ¡Es obvio!", explicó uno de ellos.
La mayoría de los colonos se pronuncian en términos de lo "ridículo que resulta pensar que un judío mate a otro judío", y que no los confundan con hechos; ellos no apuntarán sus abundantes armas contra soldados de Tzahal, prometen. También es cierto que a lo máximo que han llegado los líderes es el reciente llamado de sus rabinos más encumbrados a los soldados de Tzahal a resistir las órdenes de evacuación.
Es más: en una reciente manifestación, un movimiento llamado "Revavá" (Decena de miles), hasta entonces desconocido, quiso subir al Monte del Templo y cuatro de sus miembros (se calcula que no tienen muchos más) fueron detenidos por portar explosivos destinados a la mezquita de Al Aqsa. Todos los líderes colonos calificaron este movimiento como marginal, y lo es. Pero también es cierto que el paradigma sionista-mesiánico sigue escupiendo asesinos. El moderado establishment religioso se desentiende de ellos, pero es como un volcán que se desentendiera de su lava.
En el plano del discurso, la fórmula es: "Condenamos todo tipo de violencia, pero podemos entender sus motivaciones". La fórmula de la "condena comprensiva" se repite una y otra vez desde los tiempos del "pacífico doctor" Baruj Goldstein.
"Decenas de miles de jóvenes rezan todos los días por la muerte de Ariel Sharón", advirtió un líder local religioso. De ese modo, un potencial asesino de Sharón sabría que no está solo en el sueño, tal como lo sabía Igal Amir.
Como conclusión, no se puede negar que hay esfuerzos por moderar la calle ante el trauma que se avecina. Pero también hay señales preocupantes. Los colonos de la Franja de Gaza mismos se han fracturado, entre aquellos que siguen luchando hasta el final, rechazando toda indemnización por la evacuación, y los que ven que sus líderes los han abandonado ante la inminencia de quedar literalmente en la calle, sin saber siquiera dónde van a dormir la noche siguiente a la evacuación, dónde van a inscribir a sus hijos en la escuela, dónde van a trabajar.
Pero, una vez agotadas todas las instancias político-parlamentarias, la lucha ha pasado a la calle, último bastión de la resistencia colona. Si este sector logra llegar al otro lado sin fuego ni muertes, como prometen sus líderes, teniendo en cuenta los precedentes, y el desgarro que el paradigma sionista mesiánico está por atravesar, habrá que sacarse el sombrero.
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