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Publicado por fpaya
a las 15:52
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Sábado, 16 de diciembre de 2006 | 19:35
La Mujer en el Judaísmo
En contraste con el credo musulmán, el judío considera en gran medida a la mujer, aun cuando fuera redactado en tiempos pasados, cuando su estatuto no era tal cual lo es hoy. Pero en la vida común, la mujer ha dejado de ser inferior; es nuestra compañera que comparte nuestras tareas y obligaciones, nuestras penas y alegrías y lo que no es menos, prácticamente todas nuestras responsabilidades.
Estimo que en contraposición con lo que dije en el artículo anterior, habría tenido a referirme sobre lo que dice la Biblia sobre el particular. Hay quienes afirman que la religión judía propiamente dicha también discrimina contra la mujer. Estimo que si bien hay algo cierto en ello, la situación ha cambiado y de ningún modo se puede decir que el judío desprecie o desestime a la mujer. Es más, ahora en nuestra sociedad occidental, de la que también forma parte la israelí, la esposa es más bien nuestra compañera, que comparte con nosotros en pie de igualdad responsabilidades y tareas, sinsabores y penas así como también satisfacciones y alegrías. Desde luego, hay excepciones a la regla, que lamentablemente no son pocas, y la violencia doméstica también se hace sentir en este país. Pero en general, la mujer no se siente discriminada: es independiente, se considera igual y a veces, hasta superior al hombre. Y no pocas veces nos hemos tenido que quitar el sombrero ante el desempeño de alguna que otra mujer. Y en este momento me trae a la memoria una mujer muy especial que se llamaba Golda Meir.
Se me dirá que el Corán es una norma establecida en tiempos pasados, y sus dictámenes fueron creados cuando la mujer era considerada en casi todo el orbe como un ser inferior al hombre. Hoy en día el mundo ha evolucionado, y se ha borrado en gran medida ese sentido de inferioridad. El problema es que el mundo musulmán es cada más fundamentalista y observante, y aplicar este credo al pie de la letra implica, lamentablemente, reducir a la mujer a un lugar muy secundario. Como queda dicho, el judaísmo también discrimina contra la mujer. No creo que sea falso, pero eso hasta cierto punto. La mujer judía fue siempre una figura destacada en la Biblia. Para empezar aparecen en ella cuatro matriarcas (frente a tres patriarcas) que son objeto no solamente del respeto, sino de la reverencia general de las masas devotas. A Sara se le suele calificar como Sara Imeinu (nuestra madre), pues al tener Itzjak a una avanzada edad, inició la cadena del pueblo israelita. La tumba de Rajel en la entrada de Belén es un vívido ejemplo de su popularidad no solamente entre las mujeres judías, sino entre los hombres también.
Según la Biblia, Dios detesta todo tipo de explotación y abuso (Éxodo 22:22; Deuteronomio 27:19; Isaías 10:1, 2). La Ley de Moisés condenaba la violación y la prostitución (Levítico 19:29; Deuteronomio 22:23-29), así como el adulterio, el cual sancionaba con la muerte a ambas partes (Levítico 20:10). En lugar de discriminar a la mujer, la elevaba y la protegía contra las vejaciones habituales en países vecinos. En efecto, la esposa hebrea capaz era muy respetada y valorada (Proverbios 31:10, 28-30). La culpa de que los israelitas no siguieran las leyes divinas y a veces denigraran a la población femenina la tenían ellos, no Dios (Deuteronomio 32 . Al final, él juzgó a la nación y la castigó por su flagrante desobediencia.
En el Viejo Testamento tenemos múltiples ejemplos de mujeres de llegaron a ser célebres: Ester, Bilha, Rut, Débora, Yael, Tamar; por mucho que haya intentado, no he encontrado cosa semejante en el Corán. Que yo sepa no hay allí alabanzas a la esposa y un himno al amor conyugal como aparecen en el Cantar de los Cantares de Salomón, que es una obra que dícese pudiera rayar en la sexualidad, lo que “habría asombrado, encantado y hasta entusiasmado a los expertos”.
Otra obra maestra de la liturgia judía previamente mencionada (Proverbios 31) es el himno “Quién encontrará a la mujer hacendosa y virtuosa, en las palabras “Eshet Jayil”, en donde se dice que la mujer perfecta “es más valiosa que las perlas”. Citando al Prof. André-Marie Gerard, autor de una didáctica obra sobre la Biblia, afirma que se trata de un canto de alabanza entusiasta, el pasaje subraya ciertamente más las virtudes domésticas de la mujer que su brillo intelectual, pero testimonia, a pesar de todo, un ‘feminismo’ relativamente ilustrado en el mundo oriental de la época”. Tal mujer merece la total confianza de su esposo, cuya felicidad labra “todos los días de su vida”; ama de su casa, prudente, hacendosa, hábil en los negocios y contribuyendo así en gran medida a la prosperidad familiar, caritativa con los indigentes, atenta a las necesidades y al bienestar de los suyos, distribuye también “lección de bondad”.
Para terminar: acabo de leer que el jefe espiritual de la comunidad islámica de Australia, jeque Taj al-Din al-Hilaly, tuvo que pedir disculpas este viernes, luego de comparar las mujeres que van sin velo con “trozos de carne”. Como era natural, a los australianos no les cayó bien la singular y ofensiva comparación.
Moshé
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