Sabiduría y enojo
ANGELES Y BURROS...
por Berl Schtudin
Y dijo Elazar HaCohen... esta es la ley de la Tora que Hashem ordenó a
Moshe (Bamidvar 31,21)
Dijo Resh Lakish: toda persona que se enoja, si es sabio, la sabiduría
se aleja de él, si es profeta, la profecía se aleja de él. Sobre la
sabiduría aprendemos de Moshe Rabenu, que se enojó con los jefes del
ejército que trajeron “el botín” de la guerra que no les estaba
permitido traer, que lo debían quemar, y después está escrito “y dijo
Elazar HaCohen... esta es la ley de la Tora que Hashem ordenó a
Moshe”, demostrando que Moshe perdió la sabiduría, por lo que Elazar
HaCohen tuvo que hablar en su nombre... (Pesajim 66b)
Impresionante habrá sido el escenario, dice el rab hagaon Iehuda Leib
Jasman ztz”l, en su libro “Or Iohel”, tratemos de imaginar lo que
ocurrió en ese momento en el campamento de Israel. Seiscientos mil
iehudim están parados frente a Moshe Rabenu, esperando escuchar de su
boca las leyes que escuchó del Bore Olam, y Moshe Rabenu también está
allí parado, pero en silencio... Y sale en su lugar Elazar y dice:
“esta es la ley de la Tora que Hashem ordenó a Moshe”, y todos los
ojos se clavan en Moshe Rabenu con un gran signo de pregunta: aquí
está la persona que escuchó y aprendió las leyes, ¿por qué Elazar
tiene que hablar y ocupar su lugar?!!!
¿Y cuál es la verdadera causa? – Toda persona que se enoja, si es
sabia, la sabiduría se aleja de él. Es como si Moshe hubiera
desaparecido, ya no está entre nosotros, su sabiduría se evaporó y no
tiene como enseñarnos la ley. Y todo porque su enojo estuvo fuera de
lugar, porque se enojó más de lo debido, y eso no puede aceptarse en
el conductor del pueblo...
Y esto es lo que se llama la “naturaleza espiritual” del pecado. Que
la sabiduría se aleje del que se enoja no es debido a una ciencia
oculta, no es algo místico, sino algo totalmente natural en lo
espiritual. Y esta naturaleza es tan profunda y exacta, hasta el punto
que si el enojo sobrepasa en una medida muy pequeña al requerido para
la ocasión, el saber se esfuma. Y hasta para el mismo Moshe, el
Maestro del pueblo de Israel, que se enojó sólo para cuidar el honor
del Bore Olam, sabiendo que el reproche era obligatorio para salvar al
pueblo del pecado, tampoco Moshe se salva de las consecuencias del
enojo...
Probablemente encontramos que Moshe Rabenu reaccionó o se enojó tres
veces, y las tres veces, “olvidó” la ley que tenía que enseñar,
entonces, entendemos que aparte de estas tres veces, jamás reaccionó o
se enojó con los integrantes del pueblo ni en lo más mínimo. También,
las veces que se enojó, nadie se percató de su enojo, solamente se dio
cuenta de ello Hakadosh Baruj Hu, y a pesar de esto, desapareció
momentáneamente su sabiduría. Y si así fue para Moshe Rabenu, el
“Servidor” de Hashem, que dirá una persona (del montón), cualquiera de
nosotros, que cuando nos enojamos hay que rezar que nadie esté muy
cerca..., nosotros, que nos enojamos de verdad, que saltamos como
“leche hervida” no para defender el Honor del Bore Olam ni tampoco por
las palabras de la Tora, sino solamente para defender “nuestro honor”,
y siempre por cosas sin valor ni importancia. Y no hablamos de casos
aislados con personas “especiales”, sino de todos nosotros y todos los
días...
Hay otra situación en la que también la Tora se olvida, lo alenu, sin
la necesidad de recurrir al enojo, o sea, sin que el hecho de que la
persona se enoje sea la causa del olvido: la dedicación. Si no nos
ocupamos de la Tora, si no estudiamos con todas nuestras fuerzas, no
pretendamos recordar nada, y así dijeron Jazal: “la Tora no se
mantiene sino en los que se matan por ella”. Entonces, ¿cómo puede
adquirir la Tora el que además de tener la falencia de estudiar sin
esforzarse, sin dedicarse, tampoco sabe dominar sus instintos y se
enoja por cualquier cosa, tanto grande como pequeña? Es evidente que
si en una persona que se enoja la sabiduría desaparece, en ésta que
además tampoco se esfuerza, todos sus juicios estarán absolutamente
fuera de contexto...
Aparte de intentar dar un vuelco de ciento ochenta grados a nuestro
accionar, o sea, dejar de enojarnos y dedicarnos a la Tora como
corresponde, mientras tanto, sólo podemos alabar y agradecer al Bore
Olam por su infinita misericordia, ya que lo poco que todavía queda de
Tora en nuestras manos, se debe exclusivamente a que Hashem nos juzga
con extrema bondad y no nos castiga con la esperanza de que
reaccionemos a tiempo...
En el libro “Haser Caas Milibeja”, (algo así como “Sacar el enojo de
nuestro corazón&rdquo , en el capítulo dedicado al trabajo sobre nuestras
cualidades encontramos varios ejemplos de como nuestros jajamim se
esforzaban por alejarse del enojo.
Escribió el más grande de los alumnos del Arizal, el rab Jaim Vital:
Nuestro maestro z”l era extremadamente meticuloso en su conducta,
jamás se enojaba... Creo que del enojo se cuidaba más que de cualquier
otra cosa, inclusive cuando el enojo servía para algo positivo.Cuando
mis alumnos no captaban lo que yo les enseñaba de la forma que suponía
correcta, solía enojarme... Estaba seguro que mi enojo era
justificado, y por el bien de mis alumnos. Pero mi maestro z”l, se
ocupó de advertirme sobre mi equivocación, y reprocharme de una forma
muy especial, agregando también un justificativo al reproche: “todos
los pecados que cometemos dañan a un miembro del cuerpo, pero el enojo
ataca el alma, y la hace no apta”.
Alejate del enojo
Sobre rabi Iosef Karo, el escritor del Shuljan Aruj, es sabido que un
ángel del cielo llamado “Maguid” se le revelaba permanentemente le
descubría secretos del Cielo y de la Tora, y lo aconsejaba en cuanto
al comportamiento para servir mejor al Bore Olam. Parte de los
consejos y de los secretos fueron escritos en el libro “Maguid
Meisharim”. Veamos algunos de los consejos del ángel:
Ya te dije que necesario es conducirse con humildad y no enojarse por
nada que ocurra en el mundo. Esto lo aprendemos de Moshe Rabenu,
Maestro de todos los profetas, que en cada oportunidad que se enojó
los resultados fueron negativos, siempre el enojo llevó a la
equivocación. Por eso, no hay que enojarse por nada del mundo. Ni
siquiera por cosas que tengan que ver con lo Celestial, nunca el enojo
traerá consecuencias positivas.
Intentá por todos los medios de alejarte del enojo... aunque la gente
diga o haga cosas por las que habría que enojarse... todo el esfuerzo
que inviertas en evitar el enojo, aumentará la calidad de tu
conocimiento, tendrás más alumnos que serán más exitosos...
Tendrás la costumbre de conducirte con todos con tranquilidad, y de no
enojarte nunca, ni siquiera por el honor del Bore Olam...
Controlando el enojo
Otro de nuestros grandes rabanim que nunca se enojaban, el rab hagaon
Israel Lifkin Misalant ztz”, el padre de “Tnuat Hamusar”. Se sabía que
era muy meticuloso en el servicio al Creador, pero sólo consigo mismo,
no con sus semejantes. Trabajaba permanentemente sobre sí para evitar
reaccionar ante cualquier discusión o agresión exterior, y solía
decir: la mayoría de los pecados entre una persona y sus compañeros se
generan por la meticulosidad que ponemos en juzgar sus actos y pensar
que somos los jueces aptos para dictar sentencia... Sus allegados
nunca lo vieron enojado, era conocido por su gran sensibilidad, dueño
de una tranquilidad envidiable. Había logrado arrancar de su corazón
cualquier rastro de esa cualidad no buena...
Cuando alguien le hacía alguna cosa mala, no solamente diremos que
dejaba pasar lo que le hicieron y perdonaba “de corazón” sino que
además corría en ese mismo momento a “devolver” con algo bueno, a
hacerle un bien al que le había hecho un mal...
¿Cuál era su pensamiento? Que estaba cumpliendo un precepto que nos
fue ordenado: “y te conducirás por Sus Caminos”, estamos obligados a
“imitar” las cualidades de Hakadosh Baruj Hu. Y vemos, siempre vemos,
que Hashem Itbaraj, en el momento en que lo hacemos enojar, no sólo
que “se da vuelta”, hace como que no vio nada, sino que en ese mismo
instante nos da vida, y satisface todas nuestras necesidades, todos
nuestros pedidos.
A veces ocurrían cosas en la congregación en las que se veía obligado
a “mostrarse” enojado. Y todos veían que rabi Israel estaba muy
enojado, sea para corregir falsos conceptos que rumoreaba la gente o
en ciertas ocasiones para reprochar a otras personas. Pero ese enojo
no era verdadero, y hasta hay algunos que sintieron o vieron, que en
ese momento de enojo, daba vuelta su cara hacia alguna pared y decía:
“enojado en la cara pero no en el corazón”. Pero una vez, sí se enojo
de verdad. Fue en el año 5609, año en que hubo una epidemia de
“cólera” en la ciudad de Vilna, y rabi Israel puso manos a la obra
para salvar a varios miles de iehudim que adquirieron la enfermedad.
En semejante situación, presionado por los problemas y la preocupación
de salvar vidas, sumergido en esa tremenda responsabilidad, rabi
Israel se enojó y durante toda la vida recordó lo sucedido y se
arrepintió...
Cuando comenzó la epidemia, rabi Israel entregó todo su tiempo a la
santa misión de salvar vidas. Hasta alquiló un hospital especial, con
capacidad para mil quinientos pacientes, y gracias a que estaba a la
vista la dedicación de rabi Israel, ninguno de los médicos aceptó
recibir salario por trabajar en el hospital, no importaba si atendían
a un rico o a un pobre, todos eran atendidos de la misma forma.
También setenta estudiantes del Colel se habían sumado en esa obra
humanitaria. Rabi Israel ordenó que no se utilizarían “no iehudim”
para realizar las cosas que estaban prohibidas hacer en Shabat.
Estaban en un estado de “peligro de vida”, los mismos iehudim podían
realizar por sí mismos todos los trabajos prohibidos de hacer en
Shabat, cuando eran necesarios para salvar a un iehudi del peligro de
la enfermedad, como establece el Shuljan Aruj, Oraj Jaim, cap. 328.
Un viernes por la noche, se enfermó el nieto de uno de los hombres más
honrados de Vilna, llamado rabi Iosef. Rabi Israel, al recibirlo,
ordenó a sus estudiantes a realizar todas las acciones necesarias para
salvarlo, cortar leña, encender fuego, etc., hasta que lo sacaron de
peligro.
Pasaron unos días, y se acercó rabi Iosef a agradecer a rabi Israel y
a su equipo el haber salvado a su nieto. Rabi Israel le dijo: ¿para
qué venís a agradecerme?, fue la voluntad de Hakadosh Baruj Hu que tu
nieto siga con vida.. Rabi Iosef prosiguió: con permiso del rab, no
soy quien para decirlo, pero estoy obligado a decirle que sus
estudiantes que son los “mejores”, que son el “esplendor” de nuestra
ciudad están profanando el Shabat más de lo necesario...
No pudo contenerse, al escuchar que insultaban a sus estudiantes, que
sacrificaban sus vidas para salvar miles de iehudim, y le gritó y le
dijo entre otras cosas: ¿me querés enseñar que está permitido y qué
está prohibido? Yo les aseguré a los muchachos y les garanticé a sus
padres que ninguno de ellos se contagiará la enfermedad por el mérito
de salvar las vidas de otros, que todos ellos volverían a sus casas
sanos y salvos, ¿podés hacer algo así?
Inmediatamente rabi Iosef le pidió perdón. Ese único enojo lo recordó
toda la vida, no gratis dijeron los jajamim: si los primeros fueron
ángeles, nosotros somos burros...
Lekaj Tov.
Berl Schutudiner z”l
schtu...@zahav.net.il
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