El abandono escolar ya pasa factura
Muchos
jóvenes que dejaron las aulas en busca de empleo fácil en turismo y
construcción se encuentran hoy sin título y sin trabajo - La crisis
fuerza a decenas de miles a volver a clase
El
abandono escolar, una opción que se hizo fácil en la España del turismo
y la construcción, empieza a pasar factura. El trabajo ya escasea, y
los jóvenes se encuentran ahora sin empleo, y además sin cualificación.
DOCUMENTO (PDF - 489,96Kb) - 04-10-2008
Crece el número de adultos que quieren estudiar ESO o FP o ir a la Universidad
Las comunidades costeras han sufrido el mayor fracaso escolar
La ministra va a convocar este mes una reunión monográfica
Sólo el 5,9% de los chicos de 16 años estudia y trabaja
Los datos se despachan rápido: El 31% de los adolescentes en España
no aprueban la ESO. El otro 69% continúa, pero un 28% de ellos no
conseguirá un título de bachillerato o FP de grado medio, según la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La
tasa de los que abandonan en esa etapa es más dramática en hombres
(35,8%) que en mujeres (23,8%), y en total dobla la media europea. Sólo
Portugal y Malta están por detrás de España.
En la
Escuela de Adultos de Mazarrón, Murcia, no cabe un alma desde hace tres
años. Este curso, 40 personas quieren asistir a la clase que prepara
para la obtención del título de la ESO (el antiguo graduado escolar),
pero diez tendrán que esperar un año más. No hay tantas plazas, ni
otros centros para mayores en la zona. Esta invasión estudiantil no se entiende sin hablar de la crisis económica.
En
Mazarrón, una localidad turística de 29.000 habitantes, nada es lo que
era. Los eternos veraneos en la playa han pasado a la historia, hay un
parón evidente en el ladrillo, son ya pocos los que trabajan a destajo
los tres meses de verano para vivir el resto del año y en primavera no
hay carteles demandando camareros. El paro, antes inexistente, acecha.
En la comunidad de Murcia, con un 58% de ocupación hotelera este
verano, había en septiembre 76.000 desempleados, un 2,89% más que el
septiembre de 2008.
Por miedo al paro o a perder oportunidades,
este curso los adultos están volviendo a clase: 138.000 adultos están
estudiando en busca del graduado escolar. Son 22.500 más que hace
cuatro años. 11.500 quieren entrar en la Universidad (2.000 más);
14.000 quieren hacer las pruebas de acceso para la FP superior (el
doble ahora). Además, 35.000 (15.000 más que entonces) asisten a
talleres.
Los Objetivos de Lisboa pactados por la Unión Europea
en 2000 aspiran a que la tasa de abandono prematuro de la escuela
-índice de población de 18 a 24 años que no ha completado el
bachillerato o Formación Profesional y no sigue ningún tipo de
formación- se sitúe en los países comunitarios por debajo del 10%. Un
porcentaje que en estos momentos sólo cumplen Finlandia, Austria y
cuatro países de la antigua Europa del Este -República Checa,
Eslovenia, Polonia y Eslovaquia-. En España, en el curso 2006-2007
-últimos datos conocidos- el abandono subió respecto al anterior en 1,1
puntos: del 29,9% al 31%. El doble de abandono que el promedio de la
Unión Europea.
"El abandono prematuro es muy grave porque se
produce una pérdida de capital humano y cada vez la formación se va a
valorar más. Es lo que va a distinguir a los países en competencia. La
producción se puede deslocalizar, pero la formación no", opina Ferrán
Ferrer, coautor del anuario Estado de la educación en Cataluña 2006,
de la Fundación Jaume Bofill. Y de su gravedad parece haberse dado
cuenta la ministra del ramo, Mercedes Cabrera, que no sólo pretende
reformar la Formación Profesional sino que va a convocar para este mes
una reunión sectorial monográfica sobre el abandono a la que acudirán
los responsables de Educación de las 17 Comunidades Autónomas.
La
mayoría de los chicos ya no desertan para aportar dinero a casa, sino
porque resulta muy atractivo optar por el empleo fácil -mayor cuando
más bajo sea el nivel socioeconómico de su familia-, algo al alcance de
cualquiera en las zonas turísticas. O al menos hasta la crisis. Por ese
motivo, junto a zonas históricamente desfavorecidas sin gran tradición
de acceder en masa a la escuela (Andalucía, Castilla La-Mancha y
Extremadura), lideran la lista de abandono de secundaria
post-obligatoria las regiones de Canarias y el Mediterráneo (Cataluña,
Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares). Pese a la alta renta per
cápita de Baleares -la cuarta de España tras Madrid, Navarra, País
Vasco y Cataluña-, el 44,7% de los chicos, -que no chicas- baleares
menores de 24 años no tiene estudios de secundaria obligatoria,
mientras que en el otro extremo, sólo el 8,4% de las vascas de esa edad
desertaron. En todo el país son ellas, con mucho, las más constantes en
el estudio.
"No necesitar cualificación para trabajar es una
característica común nuestra con el arco Mediterráneo, pero también con
California y Miami", cuenta Juan José Martínez, director general de
Universidades de Canarias. "Y se trata de bascular un modelo económico
que no esté basado sólo en el turismo y en la agricultura, y para eso
las universidades tienen que hacer el tránsito con I+D", prosigue. Su
consejería está realizando una encuesta entre los empresarios para
conocer sus necesidades.
"Muchos dejan de estudiar un par de años
y vuelven. Se dan cuenta de que tienen un trabajo que no es de su
agrado y no pueden optar a otro. Notamos que están retornando desde
hace tres o cuatro años", explica Montserrat Vallés, directora del
Instituto Jaime I de Salou (Tarragona), localidad que recibe en agosto
a 180.000 viajeros. A este instituto llegan estudiantes de más de 18
años que han aprobado las pruebas de acceso a módulos de grado medio de
Formación Profesional. "Estudian para administrativo, atención
sanitaria o para educación infantil. Áreas en las que saben que hay
empleo", continúa la directora. "De todos modos, la situación de Salou
es privilegiada. Hay muy buen clima, una ciudad cosmopolita, bien
comunicada... Y todo eso facilita que uno se recicle".
"Un primer
tema es el valor otorgado a la educación. Si la sociedad, las familias
y las empresas no transmiten a los jóvenes que estudian el mensaje de
que van a poder acceder a un mejor trabajo y que les admiramos, vamos
mal. Y tiene que haber una repercusión por este esfuerzo con un mejor
salario y un trabajo acorde a lo estudiado", prosigue Ferrer,
convencido de que el fracaso se inicia en primaria.
Los chicos
pronto se dan cuenta de que sin cualificación la experiencia laboral no
se acumula. "A los 17 años, un adolescente balear puede ganar lo mismo
que un universitario vasco de 26 años mileurista. Pero cuando
pasen tres años, él seguirá con casi el mismo sueldo y el del vasco
será bastante más", razona Mercedes Esteban, vicepresidenta de la
Fundación Europea Sociedad y Educación, institución que realizó en 2007
un estudio sobre la catastrófica situación balear para su consejería de
Educación. En su opinión, la solución debe plantearse a medio-largo
plazo, "no cabe esperar resultados inmediatos".
El nivel de
estudios de la madre era antes determinante en el abandono -a menos
preparación, menor afán de que el niño estudiase-, pero ahora no
condiciona tanto: en diez años se ha multiplicado por cuatro el
porcentaje de chicos cuyas progenitoras cuentan con estudios medios (el
35%) o universitarios (más del 4%). "Los padres apenas ven a sus hijos.
Y el poco tiempo que los ven no lo pasan haciendo un seguimiento de sus
deberes, sino viendo la televisión", se lamenta Montserrat Casas,
rectora de la Universidad de Baleares. Se calcula que 150.000 niños
entre 6 y 14 años sufren incomunicación extrema en el hogar.
El
archipiélago balear, con 1,1 millones de habitantes, tan sólo tiene
17.000 universitarios -3.000 de ellos en estudios no reglados-. Sólo el
23% de los jóvenes llega a las facultades, cuando la media española es
del 43%. "Al menos hemos conseguido que no baje el número, como está
pasando en casi toda España", se alegra Casas. La tentación por
dedicarse a los servicios es mayor en las pequeñas localidades, y está
favorecida por los altos salarios. En 2004, en hostelería se ganaba de
media 963 euros en Baleares frente a los 731 del resto del país.
El
beneficio por permanecer más tiempo en el sistema educativo no se hace
patente hasta que se completan los estudios superiores. Esto provoca un
escalón demasiado alto para los que cuentan con menos recursos. Aunque
las diferencias salariales se están acortando. En 1997 alguien que sólo
tenía el graduado escolar ganaba un 73% menos que un licenciado. Nueve
años después les separa un 47%. En Estados Unidos o Reino Unido el
sueldo es el doble.
"Los alumnos vienen orientados por el INAEM,
el ayuntamiento, los centros de secundaria...", cuenta Mariano
Fernández, profesor de la Escuela de Adultos de Mazarrón. "Dejan las
clases un 30%. Tienen muy poca base y se desaniman cuando ven el nivel
de exigencia". El graduado se puede aprobar por partes, pero para los
retornados resulta difícil. "Antes se sacaba en octavo de EGB y casi lo
regalaban. Pero ahora son dos cursos académicos más y se nota mucho. Se
desesperan con una ecuación de segundo grado. No sé, quizá deberían
hacerse otras pruebas de madurez. Las de ahora están encaminadas para
hacer el bachillerato y muchos no van a continuar estudiando. Van a
necesitar entender lo que leen, pero hay algunas preguntas de
lingüística que no tienen sentido", plantea el maestro de Mazarrón.
Esta
queja no es compartida por Eva Almunia, secretaria de Estado de
Educación y Formación. "El sistema tiene que ser flexible, con
pasarelas, para que se reincorporen al estudio aquellos que se fueron,
pero eso no puede significar que se rebaje el nivel. La titulación de
secundaria es la misma para quieren quiere seguir el bachillerato y
quien no. No se puede discernir". Almunia recuerda que desde el curso
209-2010 aquellos jóvenes que acrediten una experiencia laboral de más
de tres años podrán optar a un título de cualificación si asisten a
unos cursos semi-presenciales.
Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada, calcula en el estudio Desigualdades tras la educación obligatoria: nuevas realidades,
de la Fundación Alternativas, que sólo el 5,9% de los chicos de 16 años
estudian y trabajan. Un porcentaje que aumentaría, piensa, "facilitando
estudios a tiempo parcial o reducciones del horario de trabajo para
determinados contratos". Además, propone para rebajar el abandono
dignificar la Formación Profesional, muy desacreditada; introducir
asignaturas aplicadas en el bachillerato, hoy demasiado académico;
destinar más dinero a becas en secundaria, porque la mayoría van a la
universidad, e intervenir en educación infantil para reducir las
desigualdades provocadas por el origen social y familiar.
Toda medida es poca cuando se está en el furgón de cola.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/abandono/escolar/pasa/factura/elpepusoc/20081004elpepisoc_1/Tes
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