AURORA
Tribuna
Abierta
11.09.2008
Educación judía y democracia
Autor: Rajel Hendler
Cada vez que de educación judía se trata surge la polémica:
escuela democrática o escuela nacional tradicional, como si hubiera una
profunda contradicción. Nosotros, por el contrario, consideramos que se
complementan en el caso de valores judíos nacionales. Y en el de toda
colectividad liberal.
Consideramos que los Diez Mandamientos fueron y siguen
siendo los Derechos Humanos primigenios de la humanidad. Y el
sábado hebreo es la primera disposición del descanso hebdomadario.
Cada comunidad humana debe tener presente y así nosotros los
judíos, el principio de Pirkei Avot: ``Recuerda de donde vienes, adonde vas y
ante quien tendrás que rendir cuentas''.
En una exposición sobre Educación para la Democracia, leí
entre otros conceptos: Pregunta: ``¿Cómo educar a la juventud para superar la
incertidumbre, la duda, el temor producido por épocas convulsionadas como las
que vivimos, en que se enfrentan poderosas fuerzas políticas, económicas,
ideológicas?''
La respuesta adecuada, a nuestro juicio, como judíos, exige
recordar y meditar sobre los principios en que está basada nuestra cultura y
nuestro credo a través de sus largas peregrinaciones y en las bases de nuestro
origen como nacionalidad, nuestra vida y nuestra cultura.
Coincidente con nuestra concepción leemos: ``En primer lugar
está la libertad inherente al hombre. Sean cuales fueran las consecuencias que
se deriven de los cambios producidos por la tecnología moderna, sean cuales
fueran las evoluciones sociales, la lucha entre fuertes y débiles, poderosos y
dominados por minorías egoístas, la libertad nunca debe naufragar, debe luchar
por la solución de esos problemas y tender a mejorar la condición humana''.
Educar a la juventud en los tiempos que corren es tarea
difícil. Situaciones que a veces afectan las raíces y la firmeza de su
existencia.
Esa falta de raíces en general y en el joven judío, es en
nuestras bases educacionales por las que tenemos que velar, sin temor a
contradicción entre acentuar los principios y valores de nuestro judaísmo con
el concepto de educación democrática.
Y para ello traigo un ejemplo representativo de nacionalista
y demócrata: Jabotinsky, nacionalista a la vez que netamente humanista y
liberal, con referencia a los derechos del hombre, manifiesta: ``Democracia
auténtica debe ser concebida no como un asunto formal, sino como contenido; no
sólo desde el punto de vista de cantidad, de simple aritmética, sino desde el
plano de calidad que implica justicia''.
``Democracia es el régimen en que domina la mayoría, pero
dónde el dominio está basado en principios de libertad, de Liberalismo, que es
un sueño de orden y justicia, sin imposiciones ni violencia, en tolerancia y fe
en el hombre''.
Y seguimos leyendo en la exposición sobre Educación para la
Democracia: ...``Ningún progreso pueden alcanzar los países y la humanidad en
general, si no es manteniendo incólume la libertad y el respeto a la persona
humana''.
Pero para que la libertad y la dignidad no sean pisoteadas
por quienes tienen en sus manos los medios de producción, es decir, los dueños
del poder, es necesario educar a la juventud para que viva en una democracia
fundamentada en un nuevo tipo de relaciones sociales, en una comunidad que
asegure a todos sus ciudadanos pan, techo, abrigo, cultura, educación.
Por eso el problema de la libertad en el mundo de hoy no es
un simple concepto filosófico, sino una meta que desean alcanzar todos los
hombres y grupos humanos, sin privilegiados.
El escritor Davenport afirma en su libro ``La dignidad del
hombre'': ...``La incertidumbre, la duda, el temor a que nos referimos
desaparecería por acción de generaciones devotas de la libertad, respetuosas de
la dignidad del hombre, fuertes de espíritu, optimistas y heroicas frente a la
dura prueba a que la llama la historia''.
Citamos diferentes argumentos para confirmar nuestro pensar
y sentir que no hay ninguna contradicción en educación nacional judía y
democracia.
Citamos algunos ejemplos de fuentes nuestras y universales,
que nos confirman que debemos en nuestra educación dar una visión real,
verdadera. de nosotros mismos, destacando nuestros valores éticos, sociales y
aún materiales que logramos y realizamos en cada período, pero haciendo entender
a la vez que todos los protagonistas de nuestra historia fueron hombres de
carne y hueso, con sus virtudes y defectos, como define Martin Buber el
concepto de Sangre.
Sangre que fluye a través de milenios en todos nuestros
valores históricos nacionales, principios de libertad y justicia que
compartimos democráticamente con todo lo que nos rodea.
Con este criterio, con esta seguridad en nosotros mismos,
nuestro pasado y nuestros principios nacionales éticos. debemos educar a las
futuras generaciones con fe y orgullo nacional en democracia