EL "NUEVO ANTISEMITISMO" DE PRINCIPIOS DE SIGLO
Alberto Benasuly
Febrero de 2009
En los primeros años del siglo XXI, se ha vuelto a oscurecer el panorama político para Israel y los judíos de la Diáspora. Los hechos son bien conocidos:
- En primer lugar, el rechazo del proceso de paz, acordado en Oslo, por
parte de Arafat y el consiguiente lanzamiento de la segunda Intifada o
levantamiento contra Israel, del 2000 al 2004, que tantas víctimas
inocentes ha costado.
- La
Tercera Conferencia de la ONU sobre Racismo en Durban, que fue
literalmente secuestrada por los enemigos de Israel, intentando imponer
su agenda y sus resoluciones condenatorias y vejatorias, lo que
finalmente no consiguieron. Fue un espectáculo verdaderamente
bochornoso.
- El
inesperado y terrible ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001
contra los EEUU. Un hecho de tal magnitud real e intensidad simbólica
ha tenido, inevitablemente, efectos muy serios en todo el mundo.
-En
España, los ataques terroristas del 11 de marzo de 2004 contra varios
trenes de cercanías en Madrid, con unos 200 muertos y muchísimos
heridos. Todavía no se ha establecido judicialmente quiénes son los
autores.
-La
guerra Israel-Hezbolá del 2006 y el golpe militar del Hamás contra la
Autoridad Palestina en junio de 2007, haciéndose con el poder en la
franja de Gaza e insistiendo en un continuo lanzamiento de cohetes
sobre ciudades y asentamientos de Israel.
-La
guerra Israel-Hamás de 22 días, que finaliza el 19 de enero de 2009 y
desata una fuertísima ola de antisemitismo en todo el mundo. También en España se suceden manifestaciones con repugnantes pancartas anti-judías, amenazas de muerte y actos vandálicos -¿o terroristas?- contra sinagogas y la Embajada de Israel.
El
antisemitismo, aunque esté considerado como una forma de racismo, no es
racismo en sentido estricto, lo que no impide que la lucha contra el
antisemitismo sea inseparable de la lucha contra el racismo. En esto
sigo a mi maestro Stephen Roth , con quien colaboré activamente y del
que guardo una decena de cartas personales.
El
antisemitismo, tiene una naturaleza "sui generis" y bastante compleja.
En él se da una combinación excepcional de motivos raciales,
religiosos, económicos, sociales y políticos. Su especificidad puede
verse también en algunas de sus manifestaciones, como: 1) los viejos
prejuicios cristianos sobre los judíos, que todavía perduran en
occidente, muy especialmente en España, y que ahora se han instalado
cómodamente en el mundo musulmán; 2) la Negación o Justificación del
Holocausto, como formas de antisemitismo; y 3) la hostilidad
político-religiosa musulmana, cuyo origen está en el conflicto
árabe-israelí y que hoy alcanza una dimensión muy preocupante.
Pues
bien, estas peculiaridades no acompañan a otras formas de racismo. El
antisemitismo, definido como "hostilidad contra los judíos", ha sido y sigue siendo - aunque transformado y transformándose - una constante histórica y es el ejemplo más antiguo, más típico y categórico de discriminación racial e intolerancia religiosa.
Pero
en la actualidad, se habla mucho del "nuevo antisemitismo". Un nuevo
antisemitismo que ha irrumpido con enorme fuerza en la vida pública,
disfrazado o entremezclado con el anti sionismo y la crítica a la
política israelí. También se conoce con el nombre de "judeofobia". Veamos,
en primer lugar, las diferencias que existen entre los conceptos de
antisemitismo, anti-sionismo y antiisraelismo: el antisemitismo
tradicional siempre ha negado el derecho del judío a existir como
individuo o a vivir en régimen de igualdad con el resto de la sociedad.
El anti-sionismo, o antisemitismo posmoderno, niega el derecho a la
autodeterminación de los judíos como pueblo, el derecho de los judíos a
expresarse colectivamente o a existir como Estado. Recordemos que el
anti sionismo es tan antiguo como el sionismo. Por último, el
antiisraelismo no quiere reconocer al Estado de Israel los mismos
derechos que a los demás Estados y niega o erosiona su legitimidad.
Tampoco es un fenómeno nuevo. Jules Isaac lo expresó muy bien hace ya
varias décadas: Israel, dijo, es el judío de los Estados.
Ahora
bien, si el antisemitismo, el anti-sionismo y el antiisraelismo no son
fenómenos nuevos, ¿qué hay de novedad en el "nuevo antisemitismo"?...
Pues sí, hay novedades y son importantes:
*
En primer lugar, ocurre que la crítica constante al Estado judío, y por
extensión a todos los judíos, ha logrado con éxito la consideración de
políticamente correcta. Ello es debido a que el nuevo antisemitismo no
se reconoce como tal. Los antisemitas de antaño se vanagloriaban de
serlo, los de hoy lo niegan. Y hasta se ofenden si se les tilda de
antisemitas.
*
Segundo, la imagen negativa del Estado de Israel, de los judíos y el
judaísmo se propaga por todo el mundo a gran velocidad. Estamos
asistiendo a la globalización del antisemitismo. El "nuevo
antisemitismo" trasciende las fronteras, las nacionalidades, los
sistemas políticos y sociales. Israel es objeto de la misma envidia y resentimiento que el judío de antaño, pero ahora en todas las latitudes.
El
caso es que el Estado de Israel y el Medio Oriente se han convertido en
el centro de atención de la opinión pública internacional. Hay más
periodistas y reporteros en ese pequeño lugar del mundo que en todo el
continente africano. No por las sucesivas guerras emprendidas por los
Estados árabes para destruir el Estado de Israel y echar a los judíos
al mar, sino por las Intifadas del pueblo palestino. Para la mayoría de
la izquierda occidental - desde la nueva extrema
izquierda de pancarta y agitación callejera hasta la progresía de salón
– como para la ultraderecha, Israel es un Estado ocupante, represor,
genocida, nazi y, para colmo, el principal enemigo de la paz junto a
los EEUU de América.
Desde
la guerra de los seis días, Israel ha dejado de ser el pequeño David
para convertirse en un poderoso Goliat. Es percibido como el Rambo del
Medio Oriente y la punta de lanza del gran Satán, que son los EEUU. En
cambio, la causa palestina, la causa del pequeño David palestino
lanzando piedras contra el gran "tanque judío" ha logrado granjearse la
simpatía de los europeos. La desorientada izquierda occidental se ha
volcado en defensa de la causa palestina con el mismo entusiasmo con
que apoyó en su día a la Unión Soviética o al Che Guevara.
¿Y
en el mundo musulmán qué ocurre?... En el mundo musulmán, una cultura
de odio contra los judíos impregna la educación de los niños y todas
las formas y medios de comunicación públicos –periódicos, libros,
videocasetes, el Internet, la televisión, la radio, los sermones en las
mezquitas. La intensidad de la propaganda anti israelí y anti-judía
iguala o sobrepasa la de la Alemania nazi. Se difunde que los judíos
son descendientes de monos y burros, que hacen el pan ázimo de la
Pascua judía con sangre de niños musulmanes y cristianos. Vuelven los
Protocolos de los Sabios de Sión y otras viejas teorías de la
conspiración. Los todopoderosos judíos son culpables de todo, incluso
del ataque terrorista del 11 de septiembre y de los atentados que
cometen contra ellos mismos para culpar a los palestinos. Así pues,
observamos que la nueva "judeofobia" tiene dos manifestaciones bien
diferenciadas:
1) la
islamista, agresiva y violenta, que se traduce frecuentemente en actos
terroristas contra instituciones y personas judías, tanto en Israel
como en el resto del mundo, y
2) la occidental, que echa leña al fuego y se complace en justificar y legitimar esos ataques.
Las
políticas de los distintos gobiernos de Israel siempre han sido objeto
de agudas críticas y condenas, cuando otros en circunstancias similares
escapan a todo criticismo. Si otro país sufriera los ataques
terroristas con la misma intensidad y frecuencia que Israel, nadie
pondría en duda su derecho a la defensa. En cambio, los esfuerzos de
Israel para proteger el derecho a la vida de sus ciudadanos – que es un
deber de todo Estado - son considerados, de forma rutinaria, como
agresión. Con esto no quiero decir que toda crítica política al
gobierno de Israel sea antisemitismo. Ni mucho menos. Una democracia
debe aceptar la crítica política e Israel es una democracia, a pesar de
que tiene que estar siempre en pie de guerra. La propia prensa israelí
hace alarde de una fuerte crítica política. Mi reprobación va contra la
crítica en medios de comunicación internacionales sazonada con
elementos antisemitas.
Pero
las recientes críticas a Israel se han vuelto tan perversas, tan
persistentes, tan poco objetivas, tan exageradas y alejadas de la
realidad, que sólo las puedo entender como antisemitismo disfrazado de
anti-sionismo o antiisraelismo político. Lo diré más claro: en los
medios de comunicación se está cruzando, con demasiada frecuencia, la
línea divisoria que separa la crítica a Israel del odio a los judíos.
Esto conlleva el riesgo de un desarme axiológico de la sociedad.
Hace
algún tiempo, el escritor israelí Amos Oz hizo una observación muy
perspicaz y pertinente. Que antes del Holocausto las pintadas en Europa
decían: "Judíos a Palestina". Ahora dicen todo lo contrario: "Judíos
fuera de Palestina". El mensaje a los judíos es simple, nos dice Amos
Oz: "No estés aquí y no estés allí. Es decir, no estés, no existas".
El
anti-judaísmo islamista se ha convertido en la amenaza más seria para
los judíos. Nos preocupa el fuerte resurgimiento de una nueva extrema
izquierda "anti sistema" en Europa y en Latinoamérica, abiertamente
anti judía y pro palestina. Antes se llamaba movimiento
antiglobalización, ahora alter mundialista. Hay que estar vigilantes
también ante el renacer del antisemitismo político en Rusia. En cuanto
a las teorías de la conspiración apuesto a que continuarán surgiendo en
el siglo XXI. Y donde aparezcan teorías de la conspiración, seguro que
nos implicarán a los judíos.
Antes de concluir haré las siguientes dos reflexiones:
1ª.-
Declive del antisemitismo tradicional: el antisemitismo, en las formas
tradicionales de la pre-guerra o de siglos anteriores, sólo consigue
movilizar a grupos extremistas marginales, pero no a sectores
importantes de la sociedad occidental. El antisemitismo tradicional
sigue siendo socialmente inaceptable para una buena parte de la
sociedad. Incluso algunos grandes partidos de la extrema derecha
europea han modificado su estrategia: ahora el antisemitismo
tradicional ocupa un lugar subordinado en su política y en su
ideología, aunque sea patente en sus filas y entre sus líderes. De allí
que el antisemitismo se afane en buscar otras formas de presentación y
otros medios para su difusión.
2ª.-
La historia nos enseña que el antisemitismo es impredecible. El
antisemitismo seguirá porque es una de las manifestaciones
fundamentales de la bajeza humana y de la perversidad, por no decir de
la depravación. Y el racismo, la xenofobia y otras formas de
intolerancia, como la religiosa, que son también manifestaciones de la
ruindad humana, acompañarán al sempiterno antisemitismo.
El
combate contra el antisemitismo y otras lacras sociales no es sólo un
problema de los judíos sino de toda sociedad democrática. El
antisemitismo es un mal que amenaza a la familia humana entera. Como
dijo Pel Ahlmark, ex-Vice Primer Ministro de Suecia: "El
antisemitismo comienza siempre con los judíos; nunca se detiene en los
judíos ... y de no ser contenido, sigue atacando casi siempre a otros
grupos y minorías, y finalmente destruye el sistema democrático y la
norma jurídica".
Para
terminar diré, que aun a sabiendas de todo esto, si conseguimos de
alguna forma eliminar o por lo menos neutralizar los efectos
perniciosos del antisemitismo, habremos obtenido un gran triunfo. Eso
espero para bien de la humanidad y la convivencia entre los pueblos.